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martes, 5 de febrero de 2019

TRAVIESO ABRAZO



- Willem Haenraets___--✿Open ArtGroup__✿


Por fin conseguí el dinero suficiente para visitar la ciudad de la luz, aquella que habitaba en mis sueños y que iba a descubrir con mi amigo Daniel. No estaba segura de si iba a ser buena idea ya que no éramos exactamente amigos, los sentimientos de Dani eran un poco más fuertes que los míos, pero eso lo iba a comprobar “tout a fait”. 

Nada más llegar, el barrio Latino nos acogió como un gran abrazo. Sus numerosos restaurantes y bulliciosos Bistrós, nos llenaron de alegría y oportunidades de practicar aquél maravilloso y dulce idioma que teníamos bastante olvidado. Empezamos a mirar precios y nos quedamos un poco abrumados, pero decidimos tomar un vinito por lo menos antes de buscar algún otro sitio más a nuestro nivel económico.

Era un bar moderno y lleno de gente joven. Como pude le indiqué al ”garçon” lo que queríamos, y resultó que hablaba nuestro idioma. - Ehh voilá dos vinitos para la parejita. - Oh nono... me apresuré a aclarar yo, - sólo somos amigos, estamos dando una vuelta para conocer un poco París. Daniel me miraba de soslayo con cara de asombro, pero su rostro se volvió totalmente oscuro cuando Michel, (que así se llamaba el camarero), se mostró encantado con la noticia y me informó de que enseguida terminaba su turno y podía hacernos de guía un rato. Yo miré enseguida a Daniel con cara de preocupación, pero sorprendentemente dijo que le apetecía muchísimo visitar el "Louvre" y no sé qué más y que para eso le sobraba la compañía, que se manejaría mejor él sólo. Yo me sentí además de aliviada, totalmente encantada porque Michel era muy guapo y simpático y qué mejor compañía para dar un paseo que por momentos se presentaba más excitante. 

John Salminen

Así, después de una charla tan amena como pícara me encontré, según dijo Michel en la calle “Mouffetard”, un lugar que tenía su propia historia con bruja incluida y que según mi acompañante frecuentaba mucho porque los bares y tiendas allí eran mucho más “cool” y a mejor precio. 

Caminamos sin rumbo fijo entre risas y algún que otro abrazo “espontáneo”. Michel aprovechaba cualquier situación para arrimarse y si podía plantarme un beso, y cada vez más cerca de los labios . Empezaba a sentirme un poco molesta, pero pensaba que quizás en París la gente era así y yo que no había viajado mucho era un poco mojigata. 
Pronto llegamos a la iglesia Saint Medard que estaba muy ambientada por un mercadillo lejos de los lujos de otras partes de La Cité, y a mí me encantó porque se podía encontrar absolutamente de todo y podía revolver entre trastos de todo tipo y ropa de lo más variopinta. Encontré un blusón “vintage” que me gustó muchísimo. Lo miré y remiré de arriba abajo y de repente Michel me abrazó y atrajo hacia su pecho, me miró muy cerca y me dijo: mon pétit lapain, está hecho para ti... y me plantó un húmedo y excesivamente largo beso en los labios. -Pero... ¿qué haces?, me parece que te has pasado dije apartándome. Michel me miró con cara displicente murmurando “Oh lalá, lalá...” 



Se acabó pensé, no tengo porqué aguantar más a este cretino y sin más me di media vuelta y me puse a caminar con fuerza y rápido  hasta que llegué a uno de los hermosos puentes de París. Me senté mucho más tranquila ya y me puse a mirar  a mi alrededor. Todo era fantástico, la belleza de París me embriagaba, había mucha gente paseando y entre ellos una figura me resultó conocida.  Era Daniel! Que me sonreía con cara de sorna… Qué tal la tournée? ohmmm no sé porqué me da que lo sabes mejor que yo… 


miércoles, 30 de enero de 2019

EL OLVIDO




Había una vez un pueblecito muy bonito donde todos sus habitantes eran felices, y lo eran solamente porque estaban vivos y tenían buena salud. 
Allí vivían Ruth y Gabriel, que jugaban juntos de pequeños y crecieron queriéndose mucho. Tanto se querían que cuando llegaron a ser mayores se casaron y tuvieron un bebé hermoso y lleno de salud, como tú el día que naciste Unai, no te acuerdas porque eras muy chiquitito, pero tu llegada nos hizo muy pero que muy felices a tu aita y a mí. 
¿Seguimos? ¿Sí? Vale… 

EnCuentos



Como su amor seguía creciendo y creciendo tuvieron que repartirlo con alguien más y así nació su segundo hijo, que en este caso se trataba de una preciosa niña. 
El hermano mayor, había sido hasta entonces el centro de todas las cosas y por supuesto del amor de sus padres. Tenía una habitación preciosa toda pintada de un azul celeste que era su color preferido, una mullida alfombra por la que tirarse y rodar y jugar a que venían los malos y tenía que esconderse en un fuerte que papá le había construido y que estaba al final de la alfombra. También podía trotar con su caballito de madera y llegar a mundos lejanos y maravillosos.  La noche le daba un poquito de miedo, pero el techo de su habitación estaba plagado de estrellitas unas grades y otras más chiquitas, que sólo se podían ver en la oscuridad, así que no era tan malo irse a dormir, porque su mamá que estaba siempre calentita y olía muy bien, le cantaba unas canciones que atraían al sueño y enseguida se quedaba dormido y soñaba bonito. 
Un día, éste pequeño rey, oyó un sonido diferente que venía de la habitación que hasta entonces había estado vacía y que desde hacía pocos días se había convertido en un centro de ruidos y trasiegos de personas que iban y venían con botes de pintura, porque olía muy fuerte, y otras cosas que no sabía muy bien lo que eran, pero desde luego algo estaba pasando allí. 
Martín, que era el nombre del niño, se acercó sigilosamente hacía la nueva habitación y fisgó un poquito intentando que no le vieran, menos mal que tenía con él a “totti” su peluche preferido que siempre le acompañaba, sino hubiera pasado mucho miedo. 

Fernandogarciadory

Lo que vio le dejó estupefacto; la habitación a la que no le habían dado permiso para entrar, era de un color entre rosa y violeta que no le gustó nada de nada. Había una cunita en el centro parecida a la suya, pero mucho más sosa, pensó Martín. De ahí salían unos extraños ruidos, unos berreos muy molestos la verdad, pero así y todo papá y mamá estaban moviendo la cuna totalmente fascinados y con las caras ardiendo de felicidad. De repente, se hizo el silencio y Martín aprovechó para armarse de valor y entrar en la habitación, pero mamá se acercó corriendo con un dedo cruzándole los labios y haciendo “tchisss, tschisss”, no Martín ahora no que se acaba de dormir, decía muy bajito. 



Oh! pensó Martín, mamá me ha cambiado por esa cosa llorona y ya no me quiere, qué voy a hacer, se ha olvidado de mí pensó compungido el niño.  
Cuando ya estaba oscureciendo su mamá se acercó y le dijo; ven Martín vamos a bañar a la bebita y Martín abrió mucho los ojos y vio una cosita pequeña rosada que hacía pucheritos con unos labios regordetes y de los que salían unos ruiditos que ahora eran bastante agradables la verdad. Mamá ahora la estaba secando y luego le echo una cremita que olía muy bien, la vistió con cuidado con ropita nueva de muchos colores y cuando la niña estuvo bien preparada le dijo; Ven Martín siéntate aquí. El niño vio una mecedora blanca preciosa con un cojín de color violeta claro, se sentó y mamá le puso al bebé en sus brazos. Oh, qué sensación más placentera, aquella cosita regordeta se movía mucho, pero parecía estar contenta en su regazo, incluso le tocó la cara con su manita y no pudo evitar darle un beso. Martin miró a su madre con asombro quien le dijo: ¿Ves? ya sabe que eres su hermano mayor y por eso está contenta. Ya nunca estarás solo. 
Es verdad asintió el niño con la cara radiante, no me ha olvidado si no que me ha traído una hermanita preciosa para que pueda jugar con ella y no estar tan solo. 
Pues... ¡Eso es lo que va a pasar Unai!, por eso no te dejamos entrar en la habitación de al lado y huele tan fuerte, ese olor que no te gusta nada pero luego ya verás que se va a convertir en algo muy bonito. ¿Y voy a tener una hermanita? Mmm... eso no te lo puedo decir seguro, todavía no sabemos si será un niño o una niña, pero lo que te puedo asegurar es que te vas a convertir en el hermano mayor. 
¡ Bieeeeen!



domingo, 13 de enero de 2019

MÁS QUE UN DÍA








Sara, la soñadora, devoraba libros desde siempre, ese era su refugio, su lugar secreto, ahora con gafas de leer como ella decía, pero para sus adentros pensaba “ya está me estoy haciendo vieja”. 

Estaba sentada en una sala semi oscura,  las cortinas solo dejaban entrever unos pocos rayos de luz que daban algo de vida a una habitación azul un poco deslavazada. 
Leía casi compulsivamente, sobre todo historias románticas que le sacaban de su soledad y le daban esperanza de que podía conseguir algo mejor. ¿Mejor? Rafa era lo único y mejor que tenía pensaba, un hombre alto y huesudo no sin falta de sex-appeal, un poco rudo pero fiel a sus convicciones y sobre todo a ella .
Trabajador, siempre pergeñando mil historias pero sobre todo le gustaba mucho trabajar con las manos. Siempre que podía hacia alguna cosa nueva e increíble  con esos  brazos tan fibrados… ahora que lo pensaba era relajante incluso erotizante verle trabajar en un mueble innecesario. Esas manos y esos brazos siempre le dibujaban una sonrisa. 

_Renata Brzozowska___-_-.✿Open ArtGroup__✿.

Somos modernos pensó Sara,   las tradiciones no son lo nuestro pero hoy era nuestro aniversario y se podía haber acordado si me quiere tanto como dice claro...pero los hombres son así llevan la mentira en su ADN y olvidar las fechas importantes, qué le vamos a hacer, por lo menos no ronca se dijo... 

Sara siguió pensando, se preparó un té con una "nube de leche", reminiscencias de sus años en Inglaterra.  La verdad es que cuanto más pensaba más se daba cuenta de la suerte que tenía. No sólo es que no estuviera sola, sino que tenía un compañero que a veces incluso la sorprendía. 
Empezó a ponerse nerviosa incluso un poco enfadada consigo misma. Desde que conoció a Rafa lo tenía siempre cerca, en raras ocasiones se habían separado, no obstante quizás por esa cercanía, esa costumbre,  no lo había visto o simplemente miraba demasiado arriba y nunca se encontraban sus miradas.  Un poco de autocrítica era absolutamente necesario y ella se lo aplicaba, no siempre pero a menudo. 

Ahora sí que estaba presente, lo tenía allí mismo en frente de ella  y con un gran ramo de flores silvestres muy coloridas, sus preferidas.  
Sara pegó un respingo y él simplemente sonrío. - felicidades amor-

_✿_Open ArtGroup__✿




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